Cuando ya hubiésemos asimilado las distintas partes y elementos de un EQ, ahora podremos empezar a utilizarlos.
Pasos para comenzar a ecualizar:
1- Primero debes reconocer qué frecuencias fundamentales existen en los instrumentos, y una vez reconocidas, puedes empezar a discernir qué frecuencias necesitan atenuarse y cuáles necesitan priorizarse en cada pista. Reconociendo y reduciendo las frecuencias que sobran o que no necesitamos, podremos dar un espacio a la mezcla muy importante para que todos los instrumentos tengan su lugar.

2- Como paso siguiente, veremos y pensaremos en qué sonido queremos conseguir. ¿Cómo queremos que suene la mezcla? ¿Qué estilo queremos darle al sonido en general y a los instrumentos en particular? Podríamos decir “quiero que esta guitarra suene más brillante”, o “quiero que el bajo se escucha más distorsionado”, o “quiero que a canción tenga un sonido ochentero y pop”. Debemos comenzar a precisar qué es lo que queremos conseguir y qué deberíamos hacer para lograrlo.
3. Ahora que tenemos todo esto claro, podemos empezar a pasar a la acción. Lo primero que suele hacerse es quitar y disminuir las frecuencias que no necesitamos y que interfieren con otros instrumentos. Por ejemplo: quitar frecuencias graves de una guitarra, quitar las frecuencias medias-altas de un bajo, o limpiar a la batería de frecuencias molestas o disonantes. Estas acciones debes discernirlas tú mismo basándote en la canción que estés mezclando. Con este paso vamos a poder: Dar espacio a los instrumentos, corregir frecuencias molestas, limpiar los instrumentos de frecuencias que no aportan nada al sonido.
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4. Una vez que tengamos los instrumentos “limpios”, ahora podremos comenzar a hacer pequeños ajustes, aumentando y boosteando frecuencias que queremos resaltar en cada instrumento. Por ejemplo, podríamos querer resaltar la presencia de una voz, entonces aumentaríamos ligeramente las frecuencias alrededor de los 5000 Hz.
Consejo útil: en la ecualización, no es recomendable exagerar las boost o aumentos de frecuencias. Es mejor realizar los aumentos con sutileza y cuidado. Siempre es preferible reducir a aumentar. Siempre debemos basarnos en qué acciones debemos tomar para lograr el sonido que queremos. Por ejemplo: Si queremos que un bombo de batería suene con más “punch”, entonces podríamos fijarnos en aumentar ligeramente las frecuencias alrededor de los 50 Hz.
