Como primer consejos podríamos decir que hace falta escuchar la mezcla en su totalidad (todas las pistas al mismo tiempo), y tratar de percibir las dinámicas de cada sonido. Pon la mezcla a un volumen agradable y moderado y escucha atentamente: si notas que existe un sonido que a veces sobresale de todos o en cambio se queda por debajo de todos, entonces te darás cuenta de que aquel elemento necesita algo de compresión. Obviamente, muchas veces, éstas bajadas y subidas de ganancia son intencionales, en ese caso no es necesario comprimirlas o al menos no comprimirlas demasiado. Pero cuando notes que un sonido es inestable y que eso no es producto de la intención del artista, considera comenzar la compresión.
Usa el compresor con moderación. Si usas demasiado, la mezcla quedará áspera y plana. Siempre es mejor menos que más. Es preferible una pequeña cantidad de compresión antes que una cantidad desmesurada que arruinará la mezcla.
Ataque y release
Cuando la mezcla presenta sonidos rápidos, como los de una batería, o la vez de un tema de rap, el compresor deberá actuar rápido también, utilizando el tiempo del parámetro de ataque y release. Ten cuidado al mismo tiempo de no eliminar por completo todos los “transients”, pues esto dejará a la mezcla sin “punch”, o pegada, y la hará sonar plana y sin vida. Prueba con diferentes tiempos de ataque hasta que el sonido te convenza más. Un release corto dará un sonido con más presencia, y uno largo, lo hará más controlado. La cuestión es encontrar el equilibrio entre compresión y presencia.
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Carácter y estilo
Debemos saber que cada compresor tiene un color particular y un carácter único. Es recomendable probar diferentes compresores y familiarizarse con su sonido. De este modo, podremos aplicar a cada canción o instrumento un compresor diferente según el tipo de sonido que busquemos en ese momento.
